Dermatología estética > Manchas faciales. Luces y sombras

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LUCES Y SOMBRAS

Las manchas faciales son un motivo de preocupación creciente tanto en hombres, como en mujeres.

Ciertamente no todas las manchas tienen el mismo significado y por lo tanto la misma actitud terapéutica. Tal vez lo más importante sea incidir en las dos variedades de manchas más frecuentes.

En primer lugar, el CLOASMA, entendido como una variedad de mancha solar relacionada con la exposición solar, pero en clara relación con la situación hormonal del paciente, siendo más frecuente en mujeres embarazadas, en tratamiento hormonal (anticonceptivos orales con más frecuencia), o periodo postmenopáusico.

Este tipo de mancha es el muy rebelde, pues tiene un resultado más pobre con tratamiento de laser y requiere siempre asociar tratamiento local durante periodos largos de tiempo, entre uno y dos años. Sin olvidar lo importante en relación al factor desencadenante, pues en caso de persistencia de tratamientos hormonales o anticonceptivos, el cloasma volverá a aparecer, así como en nuevos embarazos.

La base actual del abordaje son los tratamientos químicos locales y la innovación al incluir como tratamiento oral (ya usado tópico). La combinación del ácido tranexámico con otras terapias,  que ha proporcionado unos excelentes resultados en la remisión en los últimos años.

Aunque el láser puede ayudar en su reducción, es muy importante abordar su tratamiento como un proceso a largo plazo, que requiere evitar la exposición solar. Y en este punto recordar que el sol no nos espera solo en las hamacas de las playas, sino que el mayor responsable de nuestras manchas es el que nos aguarda cada día acechando a través del cristal del coche, mientras esperamos a nuestros hijos en la puerta del colegio, cuando jugamos un partido de tenis, o caminamos tranquilos por un parque o una calle de nuestras ciudades. Si es importante destacar que pese a la insistencia sobre la protección frente a la radiación de los ordenadores o pantallas de dispositivos electrónicos, no hay ningún dato que actualmente apoye su vinculación con la aparición de manchas de ningún tipo.

En segundo lugar, hemos de mencionar los lentigos actínicos, que tal vez conocemos como “manchas de la edad”, manchas que nos recuerdan a las pecas, pero algo mayores de diámetro, y que están relacionadas con la acumulación de radiación solar, por ello aparecen en las zonas más fotoexpuestas, como dorso de manos, escote o cara. En este caso es importante la cantidad de “daño solar” que acumula nuestra piel y por lo tanto son más frecuentes conforme avanzamos en edad (a diferencia del cloasma que al relacionarse con cambios hormonales es más habitual en mujeres jóvenes). Dada su relación con el efecto del sol a largo plazo, es especialmente importante concienciar en lo esencial de la protección solar diaria, y especialmente “buscando la sombra” pues las zonas cubiertas suelen estar exentas de su aparición y es difícil en el día a día, cumplir las rutinas de renovación que resultan más sencillas en días de playa o piscina, pero no al mediodía de camino a casa en una autopista.

Esta última variedad de manchas, LOS LÉNTIGOS SOLARES,  responden de modo excepcionalmente bueno y resolutivo a los tratamientos con laser. Podríamos decir que los nuevos láseres “borran” la mancha. Por lo tanto, se puede abordar su eliminación con optimismo frente a los favorables resultados, pero siempre de modo pragmático insistiendo en la necesidad de evitar la exposición solar futura, no ya para que no aparezcan las manchas eliminadas, sino especialmente, para no sufrir la aparición de manchas nuevas.