Dermatología estética > Pilares del bienestar de nuestra piel en nuestros hábitos de vida

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La piel envejece por la edad, pero influye en como lo hace tanto nuestra genética como nuestros hábitos de vida. En relación a estos últimos, nos referimos a qué podemos hacer en nuestro día a día, cuáles de nuestras actividades influyen y de que modo en nuestra piel (al margen de los cuidados directos sobre ella) y con ello valorar si podemos incluir en la rutina diaria elementos que beneficien a nuestra piel

1. ALIMENTACIÓN

En relación a la alimentación es fundamental el aporte de vitaminas especialmente en frutas y verduras.

  • La vitamina A que mejora nuestra piel y nos defiende de la radiación UVA y que encontramos en frutas y verduras de color rojo y naranja.
  • La vitamina C potente antioxidante presente en frutas cítricas y en verduras de todo tipo como espinacas o judías verdes.
  • La vitamina E mejora nuestra piel y se encuentra en los vegetales ricos en grasa como la soja, pero también en el brócoli y por supuesto en el aceite de oliva.
  • Aportar proteínas, intentando que la fuente de aporte no sean carnes rojas o grasas, pero recurriendo a los lácteos y el pescado.
  • Consumo de omega tres especialmente procedentes de pescado azul, que han demostrado su eficacia antiaging más allá de su efecto en la piel, en la ralentización de la degeneración neuronal.
  • Alimentos antioxidantes como todos los frutos rojos (arándanos, frambuesas…), brócoli, uvas…
  • Evitar el alcohol, y los azucares.

 

Son por lo tanto muchos los elementos que podemos introducir en nuestra dieta y que mejorarán nuestra piel y ralentizarán el envejecimiento.

 

2. DEPORTE

En relación al deporte es muy importante comprender que los hábitos sedentarios aceleran en el envejecimiento y el deterioro funcional no solo de nuestro sistema osteoarticular, sino de nuestros vasos sanguíneos, nuestro corazón, nuestros pulmones… pero del mismo modo hemos de entender que el deporte  y la actividad física, habrían de realizarse de un modo racional, con asesoramiento de expertos que adaptan esa actividad la estructura física, peso, actividad profesional… de cada individuo, centrándose en las actividades que desarrollen aquellas áreas que precisemos potenciar.

El ejercicio físico orientado conduce a un bienestar también cutáneo. Pero este ejercicio recordemos que en exceso, o no acomodado a una dieta suficientemente calórica, o bien al ser un ejercicio “de impacto” puede generar reducción de la densidad grasa subcutánea provocando la “cara de running” o corredor, con aspecto “cadavérico”.

Hay que hacer ejercicio, pero controlado, orientado y adaptado a nuestras necesidades.

 

3. SALUD INTERIOR

Es muy importante recordar la relación entre nuestro cerebro y nuestra piel. De hecho comparten un origen común durante el desarrollo embrionario y por lo tanto la comunicación  es directa y muy importante en el progreso de las enfermedades cutáneas o de la salud y belleza de nuestra piel.

Aquí es fundamental dedicar al descanso suficientes horas, para garantizar que durante el sueño “resetean” y se recuperan todos nuestros órganos, y especialmente la piel. Es durante el sueño el periodo en el que nuestra piel activa la formación de colágeno y la regeneración. La reducción en las horas de sueño se traduce en un deterioro cutáneo.

Y más allá de eso una persona feliz es una persona más bella. Dentro de los hábitos de vida saludable habríamos de incluir la necesidad de salud interior, y esto no se refiere solo al tratamiento de patologías de salud mental… se refiere a que claramente los estudios científicos avalan que una vida feliz, rodeado de estímulos emocionales positivos, con afectividad, serenidad, actividades de desarrollo interior… se traduce en mejor salud cutánea, piel más bella y retraso del envejecimiento. Las personas felices “lucen” más hermosas”

Y más allá de eso el feedback es completo. Si nuestra piel luce bella somos también más felices.