Dermatología médica > Acné Rosácea

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La rosácea es una patología cutánea, que afecta tanto a hombres como a mujeres y en ambos casos destaca su persistencia como patología crónica, que suele cursar con brotes y afecta a la calidad de vida del paciente y de modo muy importante a su relación social y e interacción con su ambiente.

Es especialmente difícil concienciar a los pacientes de que algunas enfermedades cutáneas, al igual que ocurre con el resto de nuestro organismo, no se curan de modo definitivo. Es por ello muy importante abordar su manejo desde la perspectiva, no ya de erradicar la enfermedad, sino de controlarla, mantenerla inactiva, y convivir con su existencia, sin que marque nuestra socialización o nuestro calendario. De ahí el control periódico por un dermatólogo y el asesoramiento.

La clínica asocia pieles hipersensibles, con brotes de lesiones acnéicas y secundariamente enrojecimiento facial con cuperosis y telangiectasias.

Es importante saber que un mal control y los brotes periódicos aunque sean leves o aparentemente “tolerables”, conducen a secuelas como la cuperosis (con dilataciones vasculares faciales o telangiectasias) o afectación del cartílago nasal con rinofima (aumento en el tamaño nasal con deformaciones, más frecuentes en hombres y cuya evolución podemos comprobar en los celebres autoretratos de Rembrant).

Estas secuelas pueden ser resueltas con técnicas cosméticas como el laser con excelentes resultados, pero el objetivo debería ser que el paciente tenga una buena calidad de piel con un adecuado control terapéutico y estas complicaciones no lleguen a desarrollarse o lo hagan lo mas tardiamente posible.

En principio el estrés y todos aquellos alimentos excitantes (alcohol, picantes, chocolate…) pueden desencadenar brotes, también el uso de productos comedogénicos faciales o un mal cuidado facial. Hay que tener especial cuidado con texturas grasas tanto en cremas solares o en cremas faciales, adecuando los tratamientos a la enfermedad. Son desfavorables también los cambios de temperatura al igual que el calor extremo.

En los últimos años se está insistiendo mucho en la relación de unos malos habitos dietéticos con los brotes de rosácea, pero tal vez sea más importante destacar la posible relación con alteraciones en la microbiota, o flora intestinal, con lo cual dietas adaptadas en estos casos a la situación particular del paciente podrían mejorar de modo incalculable los resultados terapéuticos con menores esfuerzos. Y por ello sería interesante abordar siempre un estudio de microbiota en pacientes con esta patología (que al igual que en otras afecciones cutáneas, se ven influidas por la alimentación).

El primer consejo terapéutico será la limpieza adecuada de la piel con productos que eliminen la grasa facial sin ser irritantes, ya que la rosácea asocia una enorme hipersensibilidad, con un exceso en la activación de la glandula de grasa. Podemos desmaquillar con un producto graso y suave (aceite, crema, bifásico…) pero a continuación lavar con un jabón suave que elimine los excesos de grasa facial.

Es importante evitar los tónicos alcohólicos, tremendamente irritantes. Y a continuación abordar la aplicación de alguna crema orientada al tratamiento y resolución del brote, o en su caso a la estabilización y mantenimiento de la mejoría.

Hay que tener en cuenta que en el tratamiento local el uso de productos es muy amplio, desde antiinflamatorios (como el pimecrolimus…) a antibióticos tópicos (metronidazol…) o retinoles…. entre otras muchas opciones.

Y además es siempre posible el recurso a medicaciones orales, no solo posibles, sino con frecuencia imprescindibles, y que en algunos casos planteadas a largo plazo, se convierten en uno de los mejores recursos para la estabilidad clínica del paciente, sin brotes y con una inmejorable calidad de vida.

Tal vez lo esencial sea la comprensión de la rosácea como una enfermedad crónica que ha de convivir con el paciente, pero cuyo control terapéutico por un profesional puede garantizar que el paciente llegue a olvidar su existencia y abordar su día a día  sin síntomas ni limitaciones.