Dermatología médica > Acné

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El acné es una patología muy amplia, en cuanto a manifestaciones, gravedad y ámbito de edad.

Tal vez por eso es tan importante realizar un abordaje profesional y muy serio bajo la supervisión de un dermatólogo.

El acné es uno de los mejores ejemplos de una enfermedad en la que no son ya tan importantes las causas (más relacionadas con factores genéticos, y con menos frecuencia alteraciones hormonales), como los factores desencadenantes, es decir, aquellas circunstancias cuya existencia provocan acné en los pacientes predispuestos, pero no en toda la población (estrés, cambios hormonales….).

No se observaba una relación directa con factores alimenticios (si bien algunos elementos pueden influir), y aunque en todos los casos se aconseja una dieta saludable, rica en frutas y verduras y el ejercicio físico, lo cierto es que no se ha establecido una vinculación real con estos elementos en la mejoría o agravamiento de la enfermedad.

El acné mejora con la radiación lumínica, por lo que suele mejorar en verano y al regreso notamos empeoramiento. Otoño, el regreso de las vacaciones y la vuelta al estrés  las consultas dermatológicas aumentan el porcentaje de pacientes preocupados.

¿QUE PODEMOS HACER?

PRIMERO es importante entender que los tratamientos han de estar muy individualizados, pues dependen de la edad del paciente y de su severidad, no se abordará del mismo modo un acné leve pero persistente en un paciente de 30 años que lleve quince arrastrando la enfermedad, que en un paciente con clínica leve y tan solo 15 años. Y del mismo modo el abordaje no será el mismo en un paciente con unas manifestaciones leves o en un paciente con un acné nódulo quístico severo, que asocia una inflamación grave y el consiguiente riesgo de aparición de cicatrices secundarias, independientemente de su edad.

Para nosotros cada paciente de acné es distinto y su tratamiento individual.

Hay que entender que en el acné, como en el resto de enfermedades el planteamiento terapéutico adoptara etapas o perspectivas paulatinas en función del curso y las circunstancias del paciente.

El tratamiento siempre ha de plantear un diagnostico correcto y una vez descartada una causa directa plantear medidas esenciales:

  • Limpieza facial diaria, por la mañana y por la noche, con productos jabonosos que eliminen grasa y células muertas (es útil el uso de cepillos faciales)
  • Uso de productos cosméticos no comedogénicos, tanto en cremas como en factores de protección solar.
  • Y a continuación la aplicación de productos locales terapéuticos, estos tratamientos locales se apoyan muy especialmente en el uso de derivados de vitamina A, aunque también en antibióticos, productos queratoliticos… y una enorme variedad de opciones combinables con el fin de asociar objetivos y potenciar resultados.

 

A todo ello habrá de añadirse la posibilidad de tratamiento por vía oral con medicaciones variadas, en especial se basan en el uso de antibióticos para resolver el proceso infeccioso transitorio (No hay que olvidar que el acné es una inflamación de folículos pilosebáceos y su posterior infección por la bacteria cutánea cutibacterium acnés) y en derivados de vitamina A (como la isotretinoina destinada a reducir la inflamación de estas glándulas…). La decisión entre estas opciones, así como la dosis o el tiempo de duración del tratamiento,  requiere del consejo un dermatólogo que asesorará en función de la severidad del acné, la edad del paciente, sus circunstancias personales (búsqueda de embarazo…).

Por otro lado, una vez resuelto y curado el acné, habrá que plantear la resolución de las secuelas, en especial tratamientos cosméticos destinados a la eliminación de cicatrices, con variedades de laser como el fraxel, una modalidad de CO2 no ablativo, de excepcional tolerancia y maravillosos resultados.

Lo importante es trasladar el mensaje de que el acné a cualquier edad y con cualquier gravedad se cura y que la piel ha de lucir igual de bonita que antes de padecerlo gracias a las técnicas de tratamiento actualmente a nuestro alcance.