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Alopecia An drogénica

Existen múltiples variedades de alopecia, si bien la alopecia androgénica se puede considerar la más frecuente en la población de ambos sexos y en este momento con unas soluciones terapéuticas excepcionales que consiguen, no solo a frenar la evolución, sino lograr la recuperación de parte del cabello perdido.

En primer lugar hemos de recordar que el pelo “se tiene que caer”, pasando por tres fases, anageno (de 2 a 6 años) que es la fase de crecimiento, catageno (de tres a seis semanas) y telógeno (de dos a tres meses) y es la fase de caída. El hecho de que la fase de telógeno dure entre dos y tres meses, nos va adelantando que el resultado de los tratamientos capilares no se observara hasta los tres meses de haberlo comenzado, pues el pelo que se encuentra ya en esa fase caerá al margen del tratamiento. Esperar resultados espectaculares antes de ese tiempo es crear falsas expectativas. Por otro lado la duración de la fase de crecimiento (anágeno) dependerá de la edad, la situación hormonal o la zona del pelo (por ejemplo las patillas tienen un anágeno más corto y se renuevan con más frecuencia, de ahí que “no crezcan”).

Es importante también entender que diariamente han de caer entres 100 y 200 cabellos en condiciones normales, viéndose influido el número, por cambios variables que incluyen incluso el ritmo circadiano, que se ve influido por la duración mayor o menor de las horas de luz (a través de la producción de melatonina).

Y tal vez por ello es importante aclarar que el número de folículos de pelo  que caen cada día no marcan la presencia o no de alopecia, sino que lo marca la evolución de este folículo, que en la alopecia androgénica se va renovando paulatinamente pero con cabellos cada vez más finos, de menor calibre, con una fase de anágeno más acortada, que acaban evolucionando a vello fino y finalmente atrofiándose y desapareciendo.

En este caso la alopecia androgénica viene determinada por un factor únicamente genético que es la presencia o no de receptor en nuestro folículo capilar a las hormonas masculinas. Así, el paciente portador de estos receptores será más sensible a la acción de las hormonas masculinas en el folículo capilar y ello se traducirá en dos hechos, que suelen ir asociados, alopecia y grasa capilar. Por este motivo la alopecia androgénica es más evidente y precoz en hombres, y su gravedad dependerá de la presencia de mayor o menor número de receptores en el pelo lo cual estará determinado genéticamente.

En las mujeres la dependencia de la clínica de estas hormonas masculinas conlleva que, salvo en casos muy severos las manifestaciones clínicas se produzcan tras cambios hormonales importantes (postparto o supresión o cambio en anticonceptivos orales) o bien cuando las hormonas femeninas se reducen como consecuencia de la menopausia (natural o forzada por cirugía o por terapias hormonales asociadas a tratamiento de tumores hormodependentes como el cáncer de mama).

La noticia favorable es que pese a ser la variedad más frecuente su tratamiento ha mejorado de modo espectacular.

A los tratamientos tópicos con productos antiandrogénicos o estimulantes del crecimiento del folículo se asocian ahora terapias orales con estos mismos productos.

En esencia en este momento el uso de inhibidores de la 5-alfa reductasa, como el finasteride o el dutasteride (por via oral o topica) y del mismo modo inductores del crecimiento de folículo capilar como el minoxidil (tradicionalmente de uso topico, pero ya generalizado en su uso oral con excelentes resultados) permite el manejo de todos estos medicamentos, en dosis y pautas que varían según el sexo y la edad, pero que garantizan el control de la alopecia prácticamente en todos los casos.

A ello se puede asociar el uso de RPR (factores de crecimiento obtenidos del plasma de las plaquetas) que inducen el crecimiento y recuperación de folículos de pelo parcialmente perdidos.

Y además de insistir en que la alopecia androgénica es ahora curable, controlable e incluso con recuperación de cabello, hay que insistir también en que muy pocos factores externos influyen en la evolución de la enfermedad, ni para bien ni para mal, es decir, podemos teñir nuestro pelo, cortarlo, lavarlo con un champú u otro, con mayor o menor frecuencia… pero ninguna de estas acciones modificara la progresión de la alopecia androgénica y únicamente irá acompañada a resultados cosméticos distintos (un pelo teñido puede ser más seco o un pelo lavado con un champú u otro asociar más o menos brillo).

Por ello dejemos el cuidado de nuestro pelo a nuestro dermatólogo, que no solo podrá devolvernos la salud capilar perdida, sino que nos dará los mejores consejos capilares.