Dermatología médica > Dermatitis atópica

mitos-dermatitis-atopica01

MITOS Y REALIDADES

El término dermatitis atópica, está tal vez, excesivamente generalizado, y tendemos a creer que la aparición de un eccema o una lesión cutánea irritativa, se encuadra en este diagnóstico, cuando el concepto de dermatitis atópica es mucho más complejo.

La dermatitis atópica ha de ser entendida como un “status” o estado, en el que el órgano afectado es toda la piel, que reacciona de modo inadecuado ante diferentes estímulos externos, y por lo tanto las manifestaciones, pueden ser variables y además se ven claramente influidas por factores ambientales.

Realmente hemos de considerar la dermatitis atópica como una enfermedad, que afectando a toda la superficie corporal, puede hacerlo en cualquier punto, con extensión, duración y gravedad variables y en la que el síntoma más característico y prácticamente ineludible es el PICOR O PRURITO, es decir, la sensación que conduce a la necesidad de rascado y que aparece en estos pacientes con o sin lesiones cutáneas. 

Hay que tener en cuenta que la aparición de la dermatitis atópica conlleva generalmente una predisposición genética, y esta determina la activación de los linfocitos T cutáneos, provocando una cascada de respuestas que conducen a la inflamación de la piel. Los factores que provocan esta activación pueden ser:

  1. Alérgicos. Los pacientes con alergias polínicas empeoran en periodos estacionales. E igual ocurre en caso de alergia a mascotas o alimentos que pueden provocar brotes
  2. Sustancias ambientales irritantes favorecen los brotes en el punto de contacto. Así la lana es un desencadenante seguro, al igual que sustancias químicas agresivas (incluso el acido de la saliva o de la fruta que favorecen los brotes faciales en los niños pequeños)
  3. El estrés genera una cascada de neurotransmisores que desencadenan la activación de los linfocitos

 

Además del prurito el resto de los síntomas puede oscilar en una amplia gama, desde eccemas (con placas rojizas y pruriginosas) en diferentes áreas, lesiones ampollosas palmo plantares, xerosis,… a eritrodermia generalizada que afecte a mas del 80 % de la superficie corporal y forzar un ingreso en UVI.

Los brotes por lo tanto pueden ser espontáneos o bien ser favorecidos por algunos de los factores descritos, con lo cual su localización también variara según el carácter sistémico (alergia a gramíneas por ejemplo) o local (contacto con unos pendientes de metal sensibilizante) del agente desencadenante.

Un elemento nuevo que se relaciona con los brotes de dermatitis atópica se encuentra en la alimentación (al margen de la posible alergia o intolerancia a alimentos que favorecerían los brotes) y estaría relacionada con alteraciones en la microbiota intestinal (millones de bacterias que forman parte de nuestra flora intestinal y se modifican por medicaciones o malos hábitos alimenticios). La regulación de la microbiota con una dieta adecuada puede ayudar a controlar parte de los brotes, hasta ahora considerados espontáneos. 

Es importante dar consejos generales a los atópicos:

  1. Las duchas han de ser diarias, con agua no muy caliente (la temperatura elevada favorece brotes) y con gel de baño y esponja. Los pacientes atópicos tienen un sobrecrecimiento de Staphilococo Aureus en la piel. Está es una bacteria que se encuentra en la flora de los humanos, pero en los atópicos parecen aumentar las colonias y además actúa como un “súper antígeno”, es decir, aumenta la respuesta inflamatoria de los linfocitos T cutáneos, generando brotes y reacciones locales. De ahí la necesidad de, con higiene diaria, mantener la flora a raya, e incluso en ocasiones y en brotes muy severos aconsejar baños de lejÍa (con lejÍa disuelta en la bañera). Las piscinas perjudican con frecuencia a los atópicos, pero no por el cloro (como se piensa), sin por los productos químicos destinados a evitar crecimiento de algas y hongos, de ahí que la temperatura más elevada del agua (prohibidos los jacuzzis) que requieren el uso de mayor cantidad de estas sustancias al favorecer el desarrollo bacteriano, genere una mayor reactividad en la piel del atópico.
  2. Por otro lado la ropa en contacto con la piel ha de evitar irritaciones, y en este sentido se recomienda algodón y colores claros, quedando prohibida la lana que genera reacciones inmediatas, y por su puesto se prohíben productos a los que el paciente presente alergia de contacto (sea níquel de joyas, acrilatos de esmalte de uñas…), o productos sintéticos que incluyen en su composición microplásticos.
  3. Tercero es fundamental la hidratación corporal con cremas que no lleven perfumes, y pocos conservantes, incluso a ser posible estén envasadas al vacío para evitar la mayoría de los agentes químicos de conservación, que pudiesen irritar. La conservación de la barrera cutánea, que se rompe con la sequedad, reduce los brotes.

 

En relación a los tratamientos son múltiples y por suerte la batería a nuestro alcance ha aumentado de modo significativo mejorando la calidad de vida de estos pacientes.

Mas que recurrir a tratamientos locales con cremas (corticoides, tacrolimus…) lo ideal es el control con medicación oral, con el fin de evitar que el paciente “persiga” con la crema cada nuevo eccema, o lesión pero sin control de su aparición, lo que implica una dependencia continua de la enfermedad y un empeoramiento de la calidad de vida. 

El objetivo final, es que el paciente conviva con su enfermedad, reduciendo la aparición de los brotes y la duración de estos. Para ello se recurre a antihistamínicos (que con pocos efectos secundarios permiten control duradero en el tiempo), a inmunosupresores como la ciclosporina, y en el momento actual los nuevos fármacos biológicos, que actuando de modo concreto frente a determinadas sustancias liberadas por los linfocitos y bloqueando su acción, permiten el control de formas severas durante largos periodos de tiempo.