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¿POR QUÉ SUDO?

El sudor es un mecanismo de protección de nuestro organismo destinado esencialmente a regular nuestra temperatura corporal. Esto nos permite adaptarnos a las diferentes circunstancias ambientales con la menor afectación de nuestro cuerpo.

Fundamentalmente el sudor está compuesto de agua y algunos electrolitos como sodio o potasio, aunque su composición depende de factores individuales tanto genéticos como alimenticios u hormonales, por lo que es variable dentro de ciertos parámetros.

El mecanismo de regulación aparentemente sencillo provoca que ante un aumento de temperatura nuestra piel libere el sudor a través de las glándulas sudoríparas, con el objetivo de disminuir la temperatura corporal por la evaporación del sudor.

Pero en realidad el procedimiento es mucho más complejo ya que los receptores sensoriales de la piel (que detectan cambios de temperatura) envían esta información a través de las redes neuronales hasta el hipotálamo (localizado en nuestro cerebro). Una vez llega aquí la información el hipotálamo, ante esta elevación de la temperatura corporal (que puede producirse por fiebre, ejercicio o aumento de temperatura exterior) envía señales a las glándulas sudoríparas que comienzan a producir sudor en función de las necesidades y el feedback que recibe el hipotálamo

Sin embargo hemos de diferenciar entre dos tipos de glándulas sudoríparas:

  • Glándulas sudoríparas ecrinas, que son las realmente responsables de la regulación térmica descrita anteriormente. Podemos encontrar entre 1,5 y 4 millones en toda la superficie corporal y producen prácticamente el 99 % del sudor corporal.
  • Glándulas apocrinas, que localizadas en axilas, zona genital y cuero cabelludo, se desarrollan durante la pubertad y producen una sudoración más densa (con lípidos y proteínas, en parte por desprendimiento de células de la propia glándula) y que por su composición favorece que la atracción de las bacterias de la flora cutánea. Este sudor no tiene un olor inicialmente desagradable pero la descomposición por las bacterias genera el   “mal olor corporal”. El número de estas puede llegar a 50.000 en una axila.

 

La hiperhidrosis en términos médicos se entiende como el exceso de sudoración

El aumento de sudoración de modo puntual puede deberse a factores emocionales, alimenticios, hormonales transitorios…. Pero si ese aumento de sudoración es persistente y ha aparecido de modo brusco en nuestra vida es preciso consultar a un dermatólogo, pues diferentes patologías pueden presentar la sudoración como uno de sus síntomas iniciales y dar la voz de alarma. Del mismo modo que ha de ser una señal de alarma el cambio de olor del sudor (no relacionado con los cambios propios de la pubertad).

Hay que descartar algunas patologías en las que la sudoración es un síntoma desde enfermedades hematológicas (así, en el linfoma de hodgking la triada de fiebre, picor y sudoración es claramente orientadora del diagnóstico), alteraciones endocrinas (hipertiroidismo, diabetes…).

Por lo tanto un aumento de sudoración de aparición brusca ha de ser entendido como un aviso de que algo en nuestro organismo está cambiando.

Pero puede ocurrir que de modo normal y habitual nuestra sudoración sea excesiva y condicionante. Ya sea en manos o pies, lo que nos dificulta desde el uso de un calzado en verano, al simple gesto de “dar la mano” o incluso actividades de precisión como tocar el piano… o puede ser un exceso de sudoración axilar o de cuero cabelludo que nos provoca manchas en la ropa o mal olor continuo pese a la higiene.

Aquí también debe actuar también nuestro especialista para aconsejarnos distintas opciones terapéuticas:

  • Los desodorantes cuya función no es reducir la producción de sudor sino únicamente reducir el mal olor por acción sobre las bacterias que actúan en su descomposición.
  • Antitranspirantes de uso tópico cuyo objetivo, a partir del uso de clorhidrato de aluminio en distintas concentraciones, es bloquear la producción de sudor en intensidad, el excipiente y composición varía según las zonas a utilizar y la intensidad de la sudoración.
  • Medicaciones orales limitadas a ciertas patologías.
  • Intervenciones quirúrgicas en las que la acción sobre algunos ganglios torácicos puede reducir la sudoración en ciertas áreas corporales.
  • Algunos láseres, cuya aplicación se ve limitada a axilas, y cuyo resultado es bueno en casos extremos pero de momento no ha conseguido ser completo
  • Y finalmente la toxina botulínica que ha llegado para convertirse en la solución más eficaz. Su uso puede aplicarse a prácticamente cualquier punto corporal, si bien lo más habitual es usarlo en manos, pies, axilas y cuero cabelludo. Consigue reducir de modo radical la sudoración durante un periodo variable entre cuatro a seis meses. Mejora de modo indudable la calidad de vida del paciente, pues su aplicación se produce mediante pinchazos en apenas 10 minutos y los resultados son evidentes a los siete días, eliminando la necesidad de uso de cualquier antitranspirante.

 

Como conclusión necesitamos sudar para estar sanos y sobrevivir a los cambios de temperatura que padece nuestro cuerpo, pero el sudor no ha de ser un condicionante vital y es posible evitar el sufrimiento emocional que puede causar al alterar nuestra rutina diaria.