Dermatología médica > Psoriasis

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Siempre les explico a mis alumnos de quinto de medicina que uno de los frentes más difíciles de abordar en dermatología, es que no se trata de una especialidad distinta a las demás y sin embargo las expectativas del paciente si son diferentes.

En general asumimos que la mayoría de las enfermedades son crónicas (hipertensión, diabetes, asma…) y que la medicina ayuda a controlarlas evitando su progresión o manifestación, pero bajo un control continuo de nuestro especialista y generalmente con medicaciones de uso crónico. Esperamos en dermatología que las lesiones cutáneas se curen y no aparezcan nunca más. Pero la realidad es distinta en muchos de los casos.

La psoriasis es un claro ejemplo de este concepto. El paciente psoriásico ha de convivir con la enfermedad, que tendrá un curso variable y una intensidad también variable. Lo importante es conseguir que su vida no se vea condicionada por la enfermedad, y que permanezca bajo control en un segundo plano.

 

ACLAREMOS MITOS Y REALIDADES

  1. La psoriasis no cursa con una clínica uniforme. De modo genérico se caracteriza por placas eritematosas y descamativas, pero muy infiltradas con escamas superficiales blanquecinas e induradas en ocasiones. En su variedad más frecuente afectan especialmente a la zona de extensión de las articulaciones y a zona lumbar. Pero puede afectarse con frecuencia las uñas, el cuero cabelludo… y presentar incluso manifestaciones atípicas en pliegues, en pequeñas gotas, con eritrodermia de toda la piel,….
  2. Es una enfermedad autoinmune, en la que el sistema inmunológico del paciente genera una respuesta inadecuada ante ciertos estímulos que desarrolla la patología cutánea propia de la enfermedad, e incluso afectar a otros órganos como las articulaciones
  3. Es una enfermedad muy frecuente que afecta entre un 1 a un 3 % de la población según las series, y en la que el paciente con psoriasis será un paciente crónico con su enfermedad toda la vida. Eso indica que al menos un 1 % de la población padece una enfermedad cutánea sin curación definitiva, con la que conviven y que determinará una afectación estética y por lo tanto condicionará su desarrollo social, en un grado que será variable según su extensión, frecuencia de brotes y duración de los mismos.
  4. No hay causas más allá de la predisposición genética en la aparición y curso de la enfermedad aunque si hay múltiples factores desencadenantes que van desde el estrés psíquico o físico (enfermedades o intervenciones quirúrgicas), traumatismos (por el conocido efecto koebner que provoca placas en puntos de trauma), uso o suspensión de ciertos medicamentos (la supresión de corticoides orales favorece la eritrodermia), niveles bajos de vitamina D… Del mismo modo que otros factores ambientales como la exposición solar mejoran su evolución (siempre recordando que la exposición solar ha de ser cuidadosa y con protección solar adecuada)
  5. Otros factores, como la alimentación son importantes, al igual que en otras patologías cutáneas, pues el aporte de vitaminas en frutas o verduras, así como la incorporación de omega 3 (especialmente procedente de pescados azules), mejora el curso clínico.

 

Dado el empeoramiento con el estrés, podría perjudicar el consumo de excitantes (como el alcohol o la cafeína).

En este caso es muy relevante una relación entre la vitamina D y la intensidad de la enfermedad. De hecho, algunos tratamientos tópicos novedosos de los últimos años se basan en derivados de vitamina D, pero más allá de eso comprobamos como en ocasiones los suplementos de vitamina D orales mejoran la evolución clínica.

  1. Los tratamientos actuales incluyen tratamientos locales, con productos muy variados desde las antralinas (queratoliticas) a corticoides (inmunosupresores).

 

En las terapias sistémicas uno de los primeros pasos es la fototerapia, pero ya en el ámbito de los fármacos lo más destacable es la incorporación de nuevos fármacos en el ámbito de la terapia sistémica, limitada antes a algunos inmunosupresores, que como los corticoides o el metotrexate planteaban efectos secundarios en tratamientos a largo plazo.

En la actualidad disponemos de terapia con fármacos biológicos (como el ustekinumab) muy variados en modalidad, numero de aplicaciones, forma de uso… que permite el control de la enfermedad en sus más variadas manifestaciones clínicas.

  1. Lo más importante es recordar que el abordaje terapéutico ha de estar en manos de un especialista. La aparición de nuevos fármacos no implica su uso generalizado, pues formas clínicas menores no requieren de su empleo.

 

Hay que recordar que el objetivo terapéutico no es erradicar la enfermedad sino mantener el control sobre ella, sin brotes y en caso de que estos aparezcan con la resolución más rápida, manteniendo la patología  dominada.

Garantizar en definitiva la calidad de vida y la tranquilidad del desarrollo psicosocial del paciente en una enfermedad estéticamente muy limitante, don la vigilancia por un especialista garantizara la salud de piel y mente.