Dermatología médica > Qué alimentos influyen en nuestro acné

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Vivimos desde hace años escuchando “no comas chocolate o embutidos porque empeoraran tus granos”. Pero la pregunta sería que hay de cierto en esta afirmación y la respuesta no es fácil.

Consideremos distintos alimentos que se han relacionado en sucesivos estudios con mayor o menor incidencia o severidad del acné:

 

1. CARBOHIDRATOS REFINADOS.

Hace algunos años se publicó un estudio sobre la incidencia de acné en dos comunidades de Papúa Guinea y de Paraguay, donde se observó ausencia de esta enfermedad, atribuyéndose a las costumbres dietéticas y de hábitos de ejercicio. Se concluía que había un menor consumo de azucares de absorción rápida y una mayor actividad física que en las poblaciones occidentales. Este estudio realizado por Cordain que data de 2.002 dio lugar a nuevas consideraciones.

A partir de ahí se desato un intento por concretar el origen y la relación científica entre dieta y acné.

La conclusión es que la elevación continuada de la insulina en sangre (hormona que se libera en el páncreas ante las subidas de glucosa plasmáticos) favorecería el acné. Por lo tanto, las dietas con un alto índice glucémico generarían la aparición de esta enfermedad y una mayor severidad de la misma.

Especialmente importante es que el alimento tenga más capacidad para elevar la cantidad de glucosa en sangre y con ello la respuesta de insulina (lo cual depende de la calidad y cantidad de los carbohidratos presentes en los alimentos). Un mismo índice calórico de un alimento puede generar una menor elevación de la glicemia y una menor respuesta insulinica.

Recordemos que el acné es en realidad una inflamación del folículo pilosebáceo que posteriormente sufre una contaminación por una bacteria conocida como P. acnes. Pero su origen está en la inflamación del folículo con aumento de queratina y obstrucción y la consiguiente acumulación grasa en su interior que favorece la infección. Bien la elevación de los niveles de insulina en sangre provocaría:

  • Elevación de IGF 1 que favorecería la hiperqueratinizacion folicular.
  • Aumento IGF 3 que provocaría la proliferación celular en el folículo pilosebáceo.
  • Una cascada endocrina por acción de la insulina en gónadas (ovario y tésticulo) y en hígado, con elevación de andrógenos, hormonas que favorecen el acné.
  • Una reducción en las proteínas transportadoras de hormonas lo que haría que estas además estuviesen más disponibles en sangre con mayor efecto.

 

De este modo concluiríamos aquellos alimentos que presentan carbohidratos refinados (como el pan o el arroz blanco) que se descomponen rápidamente en glucosa elevarían más fácilmente la insulina, incluso hidratos de carbonos de absorción rápida como la sacarosa elevan aún más dichos niveles. En definitiva habría de sustituir por hidratos de carbono complejos y arroces integrales.

 

2. LECHE Y DERIVADOS LACTEOS

El interés por la relación de la alimentación y el acné condujo a nuevos ensayos clínicos, en alguno de los cuales se relacionaba la ingesta de leche y derivados lácteos con la aparición de una mayor incidencia y severidad de acné.

Curiosamente esto ocurría con más frecuencia en el caso del consumo de derivados lácteos desnatados y sorprendía por sus menores niveles grasos.

Hay que considerar que las proteínas de la leche tienen una capacidad para producir una elevación desproporcionada en los niveles de insulina respecto de su carga glucémica (cifras incluso seis veces superiores a lo que cabría esperar en proporción a otros alimentos).

Por otro lado, la lactoalbúmina presente en la leche eleva especialmente la producción de IG F 1.

Así mismo, la leche presenta andrógenos y factores de crecimiento por lo que esto explicaría que su efecto sobre el acné tuviese más relación con su acción hormonal que con la presencia de grasa en el producto y que los derivados lácteos desnatados pudiesen ser mayores desencadenantes de acné al concentrar proporcionalmente mayor índice de proteínas.

 

3. VITAMINAS A Y D

Especialmente importante sería la relación de la vitamina D y de la vitamina A en el acné.

  • Controlan la proliferación de los queratinocitos del folículo
  • Reducen la producción de grasa

 

Es ampliamente conocida la eficacia de los derivados de vitamina A tanto tópicos como orales en el tratamiento del acné. Y más allá de ello los pacientes con niveles de vitamina D bajos tienen una incidencia de formas de acné más severo.

Deberíamos concluir que una dieta rica en productos que aporten vitamina A (especialmente presente en frutas y verduras de color rojo y naranja) reduciría el riesgo de padecer acné o la severidad de este.

Y del mismo modo, niveles adecuados de vitamina D también garantizarían una mejora en la evolución de la enfermedad.

En general, buscar la ingesta de alimentos integrales y no refinados o procesados y dieta mediterránea con frutas y verduras y exposición solar moderada y controlada ayudaría a enfrentar el acné.