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Nuestras uñas sufren diariamente agresiones y están expuestas a agentes que deterioran su normalidad. En la mayoría de los casos son el punto de contacto inicial con el exterior en las manos y sufren el traumatismo diario del caminar en los pies.

La patología ungueal es frecuente, pero no siempre es infecciosa y las micosis son mucho menos frecuentes de lo que se supone.

ONICODISTROFIA UNGUEAL

Se entiende como tal el deterioro en la estructura de la uña, observándose líneas longitudinales, despegamiento (onicolisis)

Lo cierto es que la alteración en la estructura y morfología de la uña puede obedecer a múltiples causas y por lo tanto plantear distintos abordajes terapéuticos

  1. Enfermedades cutáneas como la psoriasis pueden cursar con afectación ungueal. Son habituales los “pitting” o pequeñas depresiones puntiformes, pero en ocasiones la patología es más grave con despegamiento, apertura en capas, e incluso en casos extremos dactilitis con afectación del extremo del pulpejo de los dedos.

 

La terapia en estos casos plantea controversias. Los tratamientos locales ofrecen resultados pobres, al ser preciso que actúen sobre la matriz ungueal o raíz que determina el nacimiento de la uña nueva. Y pocos tratamientos consiguen penetrar y lograr resultados evidentes

En muchas ocasiones se busca especialmente la mejoría estética con cuidados podológicos de la uña ya existente

Los tratamientos sistémicos (incluso con los nuevos fármacos biológicos) ofrecen buenos resultados, pero se plantea la duda en la elección terapéutica de abordar soluciones con efectos secundarios frecuentes en caso solo de afectación ungueal, y más cuando los tratamientos son largos en el tiempo.

  1. Algunas enfermedades cutáneas sistémicas, como alteraciones respiratorias, procesos inmunológicos o infecciosos pueden también alterar el aspecto de las uñas con morfologías en ocasiones características. Por ejemplo, las uñas en palillo de tambor que aparece en patologías pulmonares, con un aspecto esférico de la uña que recuerda a la forma esférica de los vidrios de los relojes de bolsillo. Esto ocurre también en cardiopatías congénitas o enfermedades inflamatorias intestinales. E incluso como manifestación de algunas neoplasias.
  2. Onicomicosis ungueal. Por infección micótica. Aunque el diagnostico suele ser clínico es conveniente la realización de cultivos para comprobar la presencia de hongos. El tratamiento puede ser local (generalmente si no se afecta la matriz o raíz de la uña) o con medicaciones orales en caso de afectación de la matriz.

 

Es importante tener en cuenta que la uña destruida solo se sustituye por el crecimiento de uña nueva, por lo que los tratamientos son largos en el tiempo, con periodos que no suelen rebajar los seis meses. Hasta que toda la uña dañada es sustituida por una uña nueva.

Tampoco hay que olvidar que en patologías ungueal es como en uñas psoriasicas el riesgo de contaminación por hongos es mayor. Por ello la realización de cultivos confirmará la resolución de la infección aunque pueda persistir patología ungueal no infecciosa.

  1. La Onicogrifosis, en personas de edad avanzada. Las uñas aparecen engrosadas y de coloración amarillenta

 

Es más frecuente en los pulgares, de las uñas de los pies,  tal vez por el mayor traumatismo o el deterioro de la circulación, así como por alteraciones en la inervación periférica. Son uñas gruesas, con aumento de convexidad, dificultad para cortarlas y en las que el único tratamiento (al ser un proceso evolutivo asociado a la edad y la genética) es mejorar el aspecto estético de la uña puliéndola de modo periódico.

  1. La onicodistrofia por traumatismos es probablemente la más frecuente. En este caso el paciente está acostumbrado a visibilizarla en traumatismos severos que deforman de modo inmediato la uña o provocan hematomas o desprendimientos.

 

Sin embargo, lo más habitual es la aparición de lesiones ungueales por microtraumatismos repetidos, producidos por el calzado, al golpear el extremo de la uña con la puntera y soportar la uña el impacto de modo repetido.

Este tipo de microtraumatismo se produce de modo más frecuente en determinadas actividades deportivas con impacto del pie (carrera, paddle, tenis… o bien futbol, ballet)…, pero se puede observar en cualquier paciente por el uso del calzado, influyendo las características de este y el modo de caminar.

El calzado protege nuestros pies, pero las uñas están preparadas para caminar descalzos y no sufrir impacto continuo contra el calzado

Es importante cuidar las uñas:

  • Primero reducir al máximo los traumatismos, en el caso de las manos utilizando guantes en la manipulación de productos incluso de alimentos. Y en el caso de los pies con calzado cómodo y flexible, blando y que evite los traumatismos (entendiendo en este aspecto los cuidados generales y no en el caso de deportistas).
  • Las uñas han de estar hidratadas. Para ello lo primero no deshidratar evitando el lavado excesivo de manos o la manipulación de productos químicos.
  • Así mismo hidratar con el uso de cremas o aceites emolientes, especialmente por la noche, en que la permanencia del producto será mayor.
  • Asegurarnos una alimentación adecuada rica en vitaminas y minerales
  • Recordar que todos los esmaltes pueden deteriorar las uñas pues presentan productos químicos que debilitan la uña y aumentan su porosidad, y del mismo modo cuidar el uso de productos para la retirada del esmalte que sean poco agresivos.
  • Proteger de la radiación solar en verano y recordar que los químicos del agua de las piscinas son también un agente agresivo por lo que hay que extremar después la hidratación.

 

Por lo tanto recordar que no toda lesión ungueal está asociada a infección de la uña. Y que es imprescindible un correcto diagnostico por un especialista

Por otro lado el cuidado de las uñas de modo habitual, recordando evitar factores agresivos y aumentando los elementos de protección favorecerán que nuestras manos y pies luzcan con un aspecto más sano y por lo tanto más bello, pues la salud es belleza.