Dermatología pediátrica > Cuidados de la piel atópica

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La DERMATITIS ATOPICA es una enfermedad cutánea muy frecuente, que puede afectar a los niños desde su nacimiento o aparecer en edades adultas, si bien en el 50% de los casos se diagnostica en el primer año de vida. Es muy importante tener en cuenta que uno de cada cuatro niños padece en mayor o menor medida esta enfermedad.

Es una patología crónica que cursa en brotes cuya incidencia se ha multiplicado por tres en los países desarrollados en los últimos 25 años. Sus rasgos más característicos son la sequedad cutánea y el prurito.

En realidad la dermatitis atópica no es una enfermedad cutánea definida por una clínica constante, mas bien podríamos considerar que se trata de una patología que determina una tendencia a la inflamación de la piel con manifestaciones clínicas muy distintas y exacerbada en sus brotes por distintos desencadenantes, donde la reactividad cutánea es realmente la patología.

De hecho el diagnostico de la dermatitis atópica se realiza en función del cumplimiento de tres o mas criterios mayores y tres o mas criterios menores, que abarcan desde prurito generalizado a sequedad cutánea, aparición de vesículas en manos o pies, doble pliegue en parpados, ojeras, manchas pálidas en la piel…. Hasta más de veinte posibles criterios diagnósticos de aparición e intensidad variable.

De modo conciso, podríamos decir que la lesión característica es la aparición de un eccema o placa enrojecida y descamativa, que puede asociar ampollas, y que asocia un intenso picor. Pero en conjunto el atópico sufre prurito en zonas sin lesiones, su piel suele aparecer “liquenificada” o engrosada por el rascado, y las lesiones pueden afectar solo unos centímetros o extenderse a toda superficie cutánea.

Consejos para el cuidado del niño atópico:

1. Los baños o duchas han de ser diarios, con esponja y un gel de baño suave, pero asegurando el lavado cutáneo eliminando células muertas y reduciendo el sobrecrecimiento de la flora bacteriana. E igualmente lavar el pelo adecuadamente, incluso de modo diario, pero con fricción del cuero cabelludo. Es sabido que hay un crecimiento de staphilococo aureus aumentado en los pacientes atópicos, y que este además actúa como un “súper antígeno” que estimula la reacción inflamatoria y los brotes cutáneos.

Por lo tanto el mito de no duchar todos los días es falso. Es imprescindible lavar bien al niño diariamente. Y de hecho hay múltiples publicaciones científicas que avalan la utilidad de añadir lejía en la bañera en casos de enfermedad severa (consultando antes al dermatologo para conocer indicación y dosis), pues la lejía reduce la concentración de staphiloccoco, en la flora cutánea.

2. De lo anterior concluimos que acudir a piscinas no debería ser tan perjudicial, al ser favorable el cloro del agua en la evolución de la enfermedad. Sin embargo hemos de recordar que en las piscinas es preciso añadir otras sustancias químicas irritantes con el fin de reducir el crecimiento de hongos y de algas, cuya multiplicación aumenta cuanto más aumente la temperatura del agua.

Por ello suelen ser más perjudiciales las piscinas climatizadas de inviernos y los jacuzzis, aconsejándose el uso de cremas barrera antes de sumergirse. Ducharse siempre al salir y aplicar crema hidratante de modo inmediato.

3. De modo erróneo se interpreta la dermatitis atópica como una “alergia cutánea”. En realidad en la atopia hay una reacción inflamatoria de la piel ante desencadenantes variables (desde el estrés o al contacto con ciertas prendas de ropa como la lana, a situaciones ambientales de sequedad o frio…), pero no es una “reacción alérgica”.

Sin embargo, sí es más frecuente que los pacientes atópicos sean además alérgicos y que la presencia del agente alérgico les produzca brotes en la piel.

Lo importante es entender que estos agentes alérgicos provocarán por un lado la reacción alérgica del paciente variable según el alérgeno (por ejemplo una rinitis en las gramíneas o un schok anafiláctico en la alergia al marisco) y de modo independiente provocarán un brote o exacerbación de la dermatitis atópica por reacción del sistema inmunitario, con manifestaciones cutáneas distintas y de curso paralelo a las de la reacción alérgica.

4. Es muy importante aplicar crema hidratante después del baño. Cremas muy emolientes o grasas, con los menores conservantes y sin perfumes… para un niño atópico la hidratación diaria es uno de los pilares de su mantenimiento. El uso diario de cremas reduce la duración de los brotes, y reduce la aparición de estos. Luego es el mejor preventivo y el mejor tratamiento de base.

5. La ropa en contacto con la piel es extremadamente importante:

  • Ha de ser de algodón evitando los materiales sintéticos irritantes en si mismos pero que pueden añadir en ocasiones metales pesados (como el antimonio) o plastificantes (frecuentes en el poliéster),
  • Evitar muy específicamente la lana (que presenta una relación directa con la aparición de brotes),
  • Colores claros, para evitar los tintes que se van trasladando a la piel) y actúan como irritantes e incluso pueden generar alergias,
  • Lavar la ropa nueva siempre antes de utilizarla (para eliminar el formaldehido),
  • Lavada con detergentes sin perfumes, no añadiendo suavizante tras el lavado.

 

6. La mayoría de los niños mejoran en verano, y es que la exposición a radiación UVA supone una mejoría clínica en todos los casos. Por lo que es favorable la exposición a la radiación solar (siempre con protección).

Solo de modo excepcional hay que valorar posibles alergias protectores solares, a algunos agentes presentes en la arena de la playa, o al exceso de sudor (que siempre es desfavorable y provoca prurito en las áreas de sudor).

En estos casos si vemos que el niño empeora habremos de barajar que circunstancias se han relacionado con el brote con el fin de evitarlas.

 

CONCLUSIÓN final es que la dermatitis atópica es una enfermedad compleja, frecuente y que limita el desarrollo psicosocial de los pacientes, pero donde distintos hábitos y practicas diarias pueden mejorar de modo radical la calidad de vida. Los tratamientos en la dermatitis atópica son muy amplios y abarcan desde tratamientos locales a orales y en estos últimos una nueva batería de fármacos biológicos que han modificado la perspectiva de la enfermedad, pero sigue siendo esencial tanto para el atópico como para su familia recordar:

  • Es una enfermedad crónica que cursara con brotes de intensidad, duración y frecuencia variables.
  • Es una enfermedad que condiciona la calidad de vida del paciente y su relación psicosocial, por lo que el objetivo ha de ser la prevención y el control.

 

Es muy importante por ello un dermatologo “de cabecera” al que se visite de modo periódico y adapte las medidas terapéuticas a la situación y evolución del paciente, adaptando las múltiples opciones de tratamiento a cada caso individual.