Cáncer de piel > Buenas noticias para el cáncer cutáneo

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Cuando hablamos de cáncer cutáneo, sin duda lo primero es diferenciar entre dos extirpes clínicas y celulares.

El melanoma que deriva del melanocito, en el que influye de modo determinante la radiación solar antes de los 18 años de vida y las quemaduras solares. Este  la variedad de cáncer de piel que más nos preocupa a los dermatólogos, pues implica un índice de mortalidad variable según su estadiaje, por su capacidad de afectar a otros órganos metastatizando. Cierto es que su mortalidad se ha reducido gracias al diagnóstico precoz y al uso de nuevos fármacos biológicos muy útiles en el control y tratamiento. Pero no es esta variedad la que va a ocupar nuestra atención hoy.

Vamos a abordar otra variedad de tumores cutáneos, que no derivan de las células pigmentarias, y que pese a no suponer un riesgo apenas para nuestra supervivencia, si presentan una incidencia enorme y creciente, con el consiguiente deterioro de nuestra salud y bienestar. No todo el cáncer cutáneo es melanoma. Y los canceres cutáneos “no melanoma” (epiteliomas basocelulares y espinocelulares) están experimentando una incidencia alarmante, que lleva a “normalizar” su aparición especialmente en países con gran incidencia solar.

Es este un tipo de cáncer cutáneo que pese no representar en la mayoría de los casos ningún riesgo vital para el paciente su comportamiento maligno se traduce en su crecimiento local con invasión de áreas cutáneas de tamaño creciente, con el consiguiente reflejo en el manejo terapéutico.

Hay algo que caracteriza a este tipo de tumores, y es que su aparición guarda relación con el daño que la radiación ultravioleta va provocando de modo acumulado a lo largo de los años en la superficie cutánea, ello hace que la propensión a padecerlos aumente con la edad y lo que es más importante que aparezcan en áreas más fotoexpuestas y, por lo tanto, más visibles y estéticamente mas relevantes. En su mayoría los vamos a localizar en la cara, cuero cabelludo (en caso de gran pérdida capilar) escote o dorso de manos

Hablamos de una variedad de tumores con excelentes resultados terapéuticos con cirugía, que mediante la eliminación de la zona tumoral evitaba recidivas o progresión de la enfermedad. Y dentro de estas técnicas quirúrgicas la cirugía de Mohs supuso un avance espectacular en el control de estos tumores al permitir la biopsia intraoperatoria, con certeza de los márgenes quirúrgicos, y ello traducido en una mayor seguridad en la eficacia de la cirugía y al mismo tiempo una mayor conservación del tejido circundante para mejores resultados estéticos.

Sin embargo, el futuro del tratamiento de estos tumores habría de estar en la utilización de terapias conservadoras, que consiguiesen en algunos casos evitar la cirugía y sus posibles secuelas.

Si aceptamos que este tipo de tumores aparecen en las áreas más fotoexpuestas, hemos de pensar en su localización preferente en las zonas más visibles que ya hemos descrito, y por ello el resultado de la cirugía puede condicionar socialmente al paciente. Además, siempre hemos de valorar la susceptibilidad de estos pacientes a padecer nuevas lesiones y nuevas cirugías en áreas que han recibido el mismo sol. Es decir, la aparición de una de estas lesiones indica una mayor probabilidad de padecer otras y por lo tanto las secuelas cicatriciales de la cirugía pueden ser importantes.

En el momento actual disponemos de amplias series de pacientes tratados en algunas estirpes, especialmente de epitelioma basocelular, con diferentes sustancias químicas como el 5-florouracilo en periodos de tres semanas. Los resultados no pueden ser más positivos y alentadores, consiguiéndse la remisión de la enfermedad y el tumor en hasta un 85 % de los casos (según la variedad tumoral frente a la que nos encontremos).

Esto desde luego abre una perspectiva realmente novedosa para aquellos pacientes, que por su predisposición genética, asociada a una exposición solar continuada (por la práctica deportiva, al aire libre o en la conducción de su coche…) sufrían la aparición, no ya de uno, sino de sucesivos epiteliomas basocelulares. Ahora ya las cicatrices no serán una necesidad terapéutica, sino que el abordaje de estos tratamientos puede conseguir en periodos de uno a dos meses la remisión completa del tumor y por lo tanto favorecer recuperaciones más rápidas y con resultados estéticos siempre más favorables. Ello no cierra la puerta a la cirugía, pero como cualquier novedad en medicina nos abre nuevos caminos para mejorar la vida del paciente.